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lunes, 5 de noviembre de 2012
Técnica y plenitud
El mundo es seguramente más habitable gracias al
trabajo y a la técnica desarrollada por el ser humano. Sin embargo todos en
esta civilización tecnológica sentimos la nostalgia de un mundo más cercano y próximo,
y crece en nosotros el anhelo de senciellez propio de lo originario e
identitario. El mundo hecho por los seres humanos, en ocasiones parece una gran
prisión que provoca gritos de libertad, de algo que sea totalmente distinto,
diferente y más auténtico y desde luego más pleno. Eso algo en afán de sentido,
es un deseo de felicidad que no proviene de las cosas, sino de un tu que es
totalmente diverso.
Egipto: los militares en el poder
Felipe González y González.
Profesor de Entorno Político y Social.
IPADE
1º de febreo de 2011.
La
gente lleva siete u ocho sin trabajar. Los salarios no pueden cobrarse.
El mercado de valores ha caído en picada. Se requiere de orden y
estabilidad ahora. Mubarak de irá en septiembre. ¿Por qué no esperar
unos meses más? ¿Si han aguantado 30 años, por que no esperar ocho meses
más? Existe un precedente histórico, cuando Marcos en Manila mando a
las tropas a contener la revolución, el Ejército se puso del lado
pueblo. Una celebre conversación telefónica entre Marco y Ramos, el
entonces jefe de las fuerzas armadas, puso fin al régimen e hizo posible
la evolución democrática. “Suficiente, es suficiente”, le dijo Ramos a
Marcos, y ese fue el punto final de la dictadura.
Parece
que Mubarak ha decido enfrentar la crisis y resolverla. Estaría
apostado por una transición más ordenada, en lugar de la una anarquía
implosiva. Las protestas se podrían ir disolviendo y eventualmente la
policía podría volver a imponer el control. ¿Será posible?
Tradicionalmente
los militares han sido el soporte de Egipto desde la creación del
República en 1952. Los militares han hecho posible la estabilidad. Deben
estar preocupados de que no haya un golpe de estado de los mandos
medios, en los que se observa un remanente islamista, que aunque ha sido
reprimido, persiste. El Ejército ha sido saludado por los manifestantes
y por la oposición, se ha contenido y no ha ejercido la represión. Los
militares pueden ser la fuerza equilibradora. Son respetados y pueden
imponer respeto, en una situación en la que ya nadie cree que pueda
continuar por más tiempo.
La
oposición esta unida en torno a la idea del cambio. Saben que no
quieren más tiempo a Mubarak, pero están divididos en todos los demás
asuntos. La oposición está integrada por grupos muy diversos en cuanto a
ideologías, creencias religiosas e intereses políticos.
Las
expectativas y las apuestas que cada uno de los actores son muy
elevadas. Mientras tanto el precio de algo tan esencial como el pan se
ha más que cuadriplicado. En el 2008 los militares tuvieron que tomar el
control sobre la producción del pan. Una masa hambrienta se convierte
en una masa violenta. Y todos esperan que los militares puedan asegurar
el abasto, mantener los precios y garantizar la distribución.
Una
salida posible al conflicto en el corto plazo, es que los militares
operen la transición. Dado el caso, esperemos que sea un auténtica
transición a la democracia, a la mejora de las oportunidades, a la
equidad y a la igualdad, que tanto desea y necesitan las personas de ese
pueblo.
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Egipto: la praxis y la teoría.
Felipe González y González
Profesor del Entorno Político y Social.
Profesor del Entorno Político y Social.
IPADE.
1º de febrero de 2011.
La
noche del 1º de febrero de 2011, ha caído ya en el Cairo. EL Presidente
Hosni Mubarak ha prometido dirigirse a la nación esta misma noche.
Cientos de miles personas participaron en la marcha pidiendo su renuncia
inmediata. La presión de los manifestantes continua.
De momento Mubarak ha decidido no presentarse a las elecciones de septiembre; se resiste a dejar el poder ahora.
Los
manifestantes que han acampado en la Plaza de la Liberación exigen
reformas democráticas. Desde Tunez hasta Yemen, pasando por Jordania, el
mundo árabe se convulsiona. ¿Será esta gesta el inició de un movimiento
sostenido hacia la democracia, una mayor igualdad de oportunidades, que
permita mejorar los estándares de vida de una población sometida al
autoritarismo, la corrupción y la explotación?
La
presión internacional se suma a la exigencia de una transición
ordenada, pero incluya cambios inmediatos, como un gobierno de amplio
espectro que involucre a líderes de la oposición.
La
oposición encabezada por el Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei,
así como todos los grupos opositores, incluidos los Hermanos
Musulmanes, han llegado a un acuerdo de cuatro puntos: 1) Renuncia de
Mubarak 2) Disolución del Parlamento 3) Nueva Constitución 4) Creación
de un gobierno de transición.
La
revolución de enero lleva ocho días e involucra a jóvenes, estudiantes,
profesionales, familias enteras e incluso personas con grandes recursos
económicos. La declaración de Walid Abdel-Muttaleb, un hombre de 38
años, que ha participado en la marcha es todo un reto: “Hemos hecho la
parte más difícil tomando las calles. Ahora depende de los intelectuales
y los políticos que lleguen a un acuerdo y nos ofrezcan alternativas”.
La
praxis está dada. La revolución está en marcha. Habrá un nuevo orden en
Egipto. Esperemos que los políticos y los intelectuales logren dar una
salida racional a la crisis. Se requiere la práctica, los hechos
cuentan, pero el futuro depende de las instituciones, de la capacidad
para generar ideas unificadoras, que hagan posibles los caminos de la
paz, el progreso de todos, la construcción de una patria incluyente.
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Profesores: profetas o proficientes
Felipe González y González
Analista político
15 de mayo de 2008
Era dichararecho, listo y muy chilango. Fruto neto de una simbiosis entre el laicismo oficialista, la moralidad insobornable y el pragmatismo -que permite sobrevivir-. Agudo y reiterativo hasta el cansancio. Le encantaba cambiar una palabra por otra que fonéticamente fuera similar, aunque el significado literal cambiara por completo. Durante una temporada se refirió a todos los demás como “maestro”. Fue una moda del sector burocrático en todas las instituciones, que utilizó la palabra “maestro” como apelativo: “mira maestro”, “óyeme mi maestro” e incluso “sabes maestro”. Pero también intercambió “profeta” por “profesor”. “El profeta!”, así solía denominar a un conocido suyo, que algunas veces trabajó de profesor.
Gracias a este recuerdo me he puesto a cavilar en las siguientes duplas: “maestro – maís-tro”, y “profesor-profeta”. La primera me recuerda otras ideas extravagantes a lo que quiere ser este argumento. Cuentan que Carmelita Romero logró civilizar, en parte, a Porfirio Díaz y que colaboró a darle en sus retratos, ese aire augusto que tuvo hacia finales de su siglo. Pero cuentan también, que cuando a don Porfirio alguien le resultaba molesto, decía como para sí mismo pero asegurándose de que lo oyeran los otros: “ese gallo quiere su máis”. Lo que en muchas ocasiones era interpretado como darle su mole, y que supone, indefectiblemente, el sacrificio del pollo.
Lo que en Don Porfirio era indiscutiblemente un asunto de orígenes prosódicos, es para mí un tema de significados culturales. Tal vez porque orígenes y significados remiten a identidades.
Máis es maíz, que aunque mal pronunciado remite a un alimento básico. En México el maestro de escuela proporciona el conocimiento básico para la educación, y por eso es máis-tro, que a mí me suena como el que trae-el-maíz. En todo caso el máis-tro es el que sabe o el que pone los cimientos del posterior florecimiento. El maestro transmite, entrega o proporciona. Da seguridades y permite el arraigo. Pone bases y es un elemento básico inicial del desarrollo del educando.
Por ello en ciertas ocasiones, y refiriéndome a mi propio trabajo, me considero un auténtico “maestro-máistro-rural”, pues además de trabajar en una ex-hacienda, mis métodos se parecen a los del que pone los fundamentos, sin cuidarse de lo que resulta políticamente correcto. Dejando aparte lo biográfico, maestro incluye la idea del que logra cierta perfección en términos de desempeño o de sabiduría, cosa ciertamente no es biográfica en mi caso.
Por lo que respecta a “profesor-profeta”. Las implicaciones son claras. El profesor –digámoslo pleonásticamente- profesa. Es decir ejerce –según el diccionario- una ciencia o arte. Y ejercer –también según el diccionario- es ejecutar los actos propios de esa ciencia o arte. El profesor es un iniciado en la tarea de su especialidad. Una primera aproximación nos presenta al profesor como experto conocedor que realiza las acciones propias de la profesión, es decir de aquello que se ha hecho oficio, y que confiere un estatus en la vida. Lo cual de alguna forma remite a ser maestro.
Si hay algo que el profesor añade a la connotación de maestro -como iniciador en las tareas del espíritu o de la materia-, tendría que ver con el sentido o proyección del quehacer que da un lugar en el mundo. De ahí que la consonancia de mi amigo “profesor-profeta”, me remita a mí a la cuestión del significado, lo que me lleva a la idea del sentido, de la proyección y del futuro.
Actividad presente sin futuro avizorado es inconducencia. Lo inconducente no lleva a ninguna parte. Es realización de una acción sin finalidad, que agota recursos, energías y lastra los ideales. Acción consumida en el presente es materialismo craso, que desvaloriza a la persona: trabajo profesional del que profesa la nada como destino o el interés inmediato como justificación. No supone distancia respecto del objeto, y niega por ello la libertad.
Si se quiere ser profesor, se debería ser profeta. Los profetas se caracterizan por tener visión y un sentido de misión insobornable. Pero también es verdad que muchas veces se ha querido sobornar a los profetas.
Los profetas sin embargo no son siempre aceptados. El profeta sabe que no vino a ganar un concurso de popularidad. No hay profeta en su propia tierra. Por ello la distancia entre profesor-profeta es la misma que entre profesor y proficiente. Proficiente –nuevamente es del diccionario- es el que saca provecho de una cosa. Se parecen pero no es lo mismo. No es publicidad, sino una cuestión de sentido, y eso es también una cuestión de fondo y forma.
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Hoy es el día que puede ser mañana.
Felipe González y González
La vi hecha grafiti. Era una pintada política. Seguramente es un “slogan” clásico de un “activista social” que juega al intelectual, y que se goza en las paradojas. (Y es que la paradojas son espléndidas, asombrosas y dilatantes, por ello nos gustan a todos. Bueno casi a todos. A todos los que tienen algo de sentido del humor, que es la materialización de la propia autocrítica.) La recordé a raíz de varias intervenciones, en las que recientemente, la he citado. Y esta mañana me he levantado con la frase en toda su contundencia: hoy es el día que puede ser mañana. Hoy es el día que puede ser mañana. Hoy es el día que puede ser mañana.
El hoy podría ser distinto del ayer: para ello tiene que ser mañana. Hay que tomar distancia del ayer que nos disgusta, con el que no nos identificamos porque no nos realiza. Es el ayer de la posibilidad no concretada, de la aplastante superficialidad, de la cretinidad que se pega al objeto del deseo, de la expresión insustancial, vulgar y fuera de lugar con la que vamos abriéndonos paso entre los demás.
En mi entorno inmediato hablamos mucho de hacer de la vida una obra de arte. De buscar la perfección, de lograr que cada uno y lo que nos rodea, adquiera una impronta diferente. Pero creo que en ocasiones nos quedamos en la pedantería cínica y aislante del que quiere aparecer sesudo a base de fingir ser flemático, o en la vulgaridad crepitante y volcánica del voluptuoso mastodonte.
Cuando el hoy se repite como ayer, nos sumergimos en la brutalidad de la cotidianeidad asumida como fatalidad. A la fatalidad del ayer se intenta escapar mediante la opacidad de las intenciones; del chascarrillo que se convierte en burla para lograr la autoafirmación: del comentario ya no banal sino cretino que obstaculiza la elevación, a base de bajar la mirada a lo que se come uno en el propio plato, a lo que están comiendo los demás, a las formas exultantes de las telas ajustadas sobre carnosidades desbordantes, al defecto físico o al comentario irrelevante sobre el estado del tiempo, el olor de la contaminación o la asquerosidad de los últimos avatares políticos.
Pero hoy es el día que puede ser mañana. Hoy es el día que podríamos empezar a vivir desde el futuro. De un futuro del cual cuelgan nuestras identidades, nuestras posibilidades, nuestras tendencias más profundas, nuestras añoranzas más sustanciales. No es el ayer del que vivimos. Aunque podemos vivir el hoy como el ayer. Nadie quiere vivir de lo que ha pasado, sino de lo que está por venir. Y el porvenir no es algo indeterminado, sino el encuentro con nosotros mismos.
Nos encontraremos a nosotros mismos en el futuro, no en el ayer. El ayer no nos contiene porque es la negación de lo que queremos ser. La verdad es que no queremos ser como ayer. Nos atrapa el pasado y consume nuestro presente. Queremos ser como seríamos en el futuro, si viviéramos el hoy como mañana.
En el futuro está el hombre o la mujer que todos queremos ser. No este hombre o esta mujer que se deja llevar del mal humor, de la irreflexión o del consumismo desenfrenado no ya de los recursos naturales (que también cuentan) sino de las propias energías. Nos gastamos sin darnos cuenta. Y necesitamos continuamente y de manera más imperativa que en lo físico, la energía intelectual, moral, psicológica y estética, que se consume en el hoy vivido como un ayer monótonamente repetido. Por ello el presente vivido desde el pasado es un aniquilador de las potencialidades humanas.
El hoy que puede ser mañana requiere de la visión de lo que somos, de lo nos constituye y necesita ser desplegado, de lo que nos hace ser y que al actualizarse no sólo no se consume, sino que renueva nuestra energía. Porque el acto propio del ser humano es la efusión que supone no sólo dar sin recibir, sino dar como un acto que permite el ensanchamiento de la humanidad personal y colectiva, que constituye un fondo inagotable de riqueza: la humanización de la vida y del mundo.
Humanizar es colorear la propia vida y el mundo, con los tonos de la generosidad, del interés más universal posible, del amor que hace posible la amistad en la que todos nos hacemos uno y mejoramos.
Pero se me olvida decir que el cretino, ese cretino tan parecido al que cada uno llevamos dentro, me abofeteo con su carcajada (porque las carcajadas golpean violentamente). “No se puede vivir para el futuro –me dijo-, eso es utópico”. Para él sólo existe el ayer que aparece en el presente como recriminación individual y colectiva, y que determina la vida como huida del pasado gozando del presente. Y el cretino masculló un enorme trozo de carne mal cortada, que engulló con un trago largo de vino, al que previamente agitó con fuerza pero sin darse cuenta, en una copa que se ha puesto de moda.
A pesar de ello, confío en que -el cretino y yo- intentaremos que hoy sea el día que puede ser mañana. Si lo logramos el presente se convertirá en protensión al sentido que la realiza la existencia humana.
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Perspectivas políticas
Dr. Felipe González y González
Presidente del Centro de Estudios
para la Gobernabilidad Institucional (CEGI)
IPADE Business School
Un elemento dominante es, será y seguirá siendo la incertidumbre.
Subsisten los escenarios de confrontación. Hay quienes quisieran el fin de la pluralidad política, en nombre de una supuesta igualdad, que vuelva imponer un sistema hegemónico de dominación. Estos actores políticos buscan descarrilar la transición, con acciones que están al servicio de una ideología, que ha servido para perpetuar las causas de la pobreza, la baja autoestima y la incapacidad de articular acciones conjuntas para el bien de todos.
Grupos de campesinos, organizaciones ‘populares’ y ‘colectivos sociales’, con el apoyo de partidos políticos, buscan reabrir las negociaciones del TLC en materia agropecuaria, movilizando personas y recursos de una manera artificial, para echar una cortina de humo a la necesidad de cambios de fondo en el país.
Cuando estamos iniciando el final de la primera década del siglo XXI, el problema de México sigue siendo un problema de definiciones y toma de posiciones.
¿Queremos ir hacia delante promoviendo una identidad de proyecto en la que estemos incluidos todos los mexicanos, respetando nuestras características, diferencias y derechos? ¿O somos rehenes de individuos y personas, que quieren mantenernos en las situaciones de tutela y de minoría de edad permanente, que en el siglo XX profundizaron los rezagos, las injusticias y las discriminaciones?
El futuro de México depende de un nuevo pacto social que haga posible una política de mayorías estables que definan las normas, paradigmas y objetivos de la nación. No será fácil lograrlo, pero debemos intentarlo. Para ello es necesario ejercer a cabalidad, los derechos y los deberes que nos otorga la ciudadanía.
En el ámbito de lo coyuntural, el gobierno del Presidente Calderón parece que se rearticula con base en una nueva estrategia. Tiene que ser más efectivo en la promoción del desarrollo social y en el aliento a las condiciones que permitan una mayor productividad, y como consecuencia, una mayor capacidad de generar empleo. En las relaciones con los partidos se impone redimensionar las que mantiene con el PRI, mejorar su trato con el PRD y lograr acuerdos legislativos. Pero, en donde está su prueba de fuego, es en la creatividad que tendrá que desplegar para recuperar espacio de acción política, a fin de hacer posible la gobernabilidad democrática.
Calderón se ha asegurado la unidad en el manejo político, orquestando un equipo de trabajo que responda enteramente ante él y de sus objetivos: la presidencia del PAN, la Secretaría de Gobernación y la Secretaria de Desarrollo Social.
Lo que se haga en los primeros meses del año es crucial, pues para el segundo semestre empezará la cacería de las curules, y se registrarán los efectos de la Reforma Electoral para inhibir la guerra sucia.
Desde la coyuntura las opciones son limitadas, pero se pueden ir ensanchando en la medida en que los partidos políticos hagan patentes sus definiciones ideológicas y la oferta política, económica y social que ofrecen a la ciudadanía. Pues esa ciudadanía es la que tiene que redefinir los roles, los comportamientos exigibles y tolerables, y los compromisos conjuntos y solidarios, que los Partidos Políticos tienen que asumir de cara las elecciones legislativas de mitad de sexenio, en el 2009.
22-I-08
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Gobernabilidad y Transparencia
México y China: el largo camino a la democracia
Dr. Felipe González y González
Presidente del Centro de Estudios
para la Gobernabilidad Institucional (CEGI)
IPADE Business School
México y China, o China y México tienen logros importantes. Tienen asimetrías, diferencias y hasta oposiciones insalvables. Ambos países han tenido un desempeño aceptable. Han mejorado su competitividad, que es la llave de acceso para integrarse en la globalización. Pero la competitividad que importa es la que se refiere a la actuación futura, no a la que de una manera o de otra, ya han conseguido.
La inversión toma en cuenta, entre otros, dos factores que son determinantes: rendimiento esperado y riesgo previsto. Para atraer inversiones un país que requiere ser competitivo, hay que generar un alto valor agregado u ofrecer costos de producción atractivos, y un perfil de riesgo razonable.
México y China compiten tanto en términos de generación de valor como de costos producción, y por ello la diferencia, según el analista Luis de la Calle (El Semanario, 17 a 23 de enero de 2008, p. 18), puede estar el perfil de riesgo, que se puede convertir para el caso de México en una ventaja comparativa. Los inversionistas seguirán invirtiendo en China, pero necesitan diversificar su riesgo y un país como México puede ser una alternativa muy interesante.
China tiene una vulnerabilidad real. Ha crecido de manera espectacular, y tienen logros importantes. Pero no ha logrado acercarse al “régimen de la normalización institucional”. Debe pasar de ser un país de oportunidades coyunturales, basadas en la discrecionalidad de las autoridades y en las relaciones personales, a ser un país estructurado. No basta dar soluciones oficiosas y funcionales, hay que resolver, o al menos poner las bases, para enfrentar los problemas sistémicos y de fondo.
México se ha enfrentado, y se enfrenta también, una problemática similar, heredada del largo periodo de dominación hegemónica por parte de un único partido, que debe resolverse con la culminación del proceso de transición hacia la institucionalización de la gobernabilidad democrática.
Desde varios años, los analistas y estudiosos de la realidad china, han señalado focos rojos, entre los cuales se encuentra los siguientes: a) la política poblacional de control de nacimientos, ha sido tan despótica y autoritaria, que ha generado un desequilibrio entre el número de hombres y el número de mujeres, a favor de los primeros, lo que a su vez determinará una excesiva presión sobre los jóvenes, que deberán responder de las necesidades y demandas de una población que va envejeciendo, y a la que estructuralmente se le impide el relevo generacional, en términos de la distribución de las cargas socio-económicas. b) Hay un sobrecalentamiento de la economía china, que artificialmente se trata de neutralizar. Muchas de las enormes inversiones no generan rendimientos o los que generan están por debajo de las expectativas. Muchas iniciativas han terminado por ser elefantes blancos. La desigualdad entres los residentes de algunos puntos de la costa y la personas de la china profunda, se oculta en la demanda por los bienes de lujo. Se siguen teniendo que dar enormes subsidios y transferencias entre sectores y regiones, que a la postre generan déficits importantes, a los que tarde o temprano habrá que hacer frente. Los costos en materia ecológica pueden comprometer las inversiones en infraestructura, reduciendo la capacidad del desarrollo sustentable y justo. c) El gobierno chino se considera muy estables y no se avizoran cambios en el corto plazo. Pero hay que tomar en cuenta que la reforma económica requiere de la reforma política para darle sustento. Economía y política, mejora en las condiciones de vida y participación en las decisiones, son como las dos alas que todo sistema requiere para remontar el vuelo.
México cuenta con variables macroeconómicas que hoy, son su única carta de presentación en mundo globalizado. Pero requiere, para que la transición a la economía de mercado se consolide, de una serie de logros en materia fiscal, laboral, energética, educativa, además de conseguir mejorar de manera sustancial la seguridad pública, la gobernabilidad y el imperio de la ley, así como la infraestructura para el desarrollo.
México y China cuentan con aspectos positivos y atractivos. Del corto al mediano plazo, ambos países están en una misma carrera por lograr un modelo país inclusivo, democrático y competitivo. Para ello tienen que profundizar en las implicaciones que supone transitar hacia una economía de mercado, en la que el Estado y la sociedad garanticen resultados sociales, y para las familias y los individuos, sin poner en riesgo la generación sustentable de valor, de rendimientos, y de productividad.
La incógnita para ambos países consiste en saber quién de los dos logrará crear, en el menor tiempo posible, la nueva institucionalidad democráticamente normalizada. De ella depende el despliegue pleno de los derechos humanos, el desarrollo de la sociedad del conocimiento, gracias a la formación del capital humano e intelectual, y la distribución de responsabilidades, mediante la formación del capital social, permita el desarrollo de la gobernabilidad. Esto supone la integración de los sectores productivos con los esfuerzos de la sociedad civil, en un marco en el que el gobierno pasa de ser el protagonista del desarrollo, a convertirse en coordinador y facilitador. De esto depende, en última instancia. la innovación, la creatividad y el diseño que son los nuevos nombres del progreso, de la justicia social y del desarrollo sostenible.
4-II-08
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